Annecy

Porsche

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Capítulo Seis:  Agua por todos lados

Caminaban hacia la posada, tomados de la mano, donde esperaba Dolores.  Les extrañó la ambulancia estacionada en la puerta principal, y toda esa gente que corría atareada.

Uhhh .  Bajaban a un pasajero en camilla, con máscara de oxígeno.  Abril se desprendió de la mano de Vittorio y empezó a correr lloriqueando, al reconocer el largo pelo encanecido, suelto, que caía libre.  Su corazón palpitaba a toda velocidad, hasta que la tuvo al lado:  Dolores había sufrido un ACV.  Vittorio le hizo señas de que subiera a la ambulancia. Él las seguiría atrás.

Esos días de internación, Abril no se movió de al lado de su amiga. Y Vittorio, con ella, sin dejarla un solo minuto sola.  La consolaba, la reconfortaba, la protegía.

Dolores tuvo una recuperación relativamente rápida. Era una mujer de mediana edad, pero “fuerte como un roble”, según sus propios dichos.

Solo había pasado una semana, pero todo lo sucedido, y las veinticuatro horas juntos,  de cada día, habían hecho avanzar la relación de tal manera, que ya todos en el hospital, los trataban como una pareja estable.

Era comprensible:  conocerse en buenos tiempos es fácil y toma su tiempo.  Conocerse en momentos críticos es difícil y las horas vuelan.  Cierto!  Ellos también se trataban como si  hubieran pasado una vida juntos.

Con el alta de Dolores vino la vuelta a sus pagos.  La española quiso regresar.  El universo, a su modo, le había hablado:  basta de esa vida alocada.  Había que serenarse.  Ningún lugar era mejor que su tierra, sus afectos, su familia.  Insistió en volverse en tren. No quería ser una carga para la pareja.  Pero, aunque sin ponerse de acuerdo, Abril y Vittorio, resolvieron llevarla a casa.

Abril estaba feliz por varias razones:  la recuperación de Dolores, los deseos manifiestos de Vittorio de acompañarla no importaba dónde, la idea de viajar juntos, seguir con él…

Eran extraños pero hermosos momentos.

El equipaje de las dos esperaba listo en la puerta de la posada.  Vittorio las pasaría a buscar en su auto. Todo iba bien. Hasta que él apareció.

Abril quedó tan sorprendida y decepcionada que no pudo disimularlo.  Cierto!  Durante todo ese tiempo, solo habían caminado de un lugar a otro. La comuna era pequeña. No hacía falta un auto.

El espectacular Porsche de Vittorio fue la primera desilusión de Abril, desde que estaban juntos.  Esa tremenda ostentación era todo lo contrario a su filosofía de vida.  A ella le gustaban las cosas simples.  Su corazón puro, siempre al servicio del más necesitado.

Su extrema sensibilidad estaba expresada en  su forma de vida. Era vegana, por supuesto! No por razones de salud o de dieta.  Simplemente,  rechazaba el consumo de todo producto de origen animal por respeto a los demás animales como seres “sintientes“.  Ella extendía esa  filosofía de pureza a todos los ámbitos de su vida.

Subirse a un auto como ese, la avergonzaba.  Su relación empezaba a hacer agua.

Pero Dolores, que venía de una experiencia sobrenatural, había cambiado.  En un santiamén estaba sentada en el asiento delantero.

Abril no tuvo más remedio que subir.

Vittorio pudo ver por su espejo retrovisor, la cara de disgusto de su amada. Todavía no sabía bien por qué. Pero entendió que algo andaba mal. Y el viaje comenzó, rumbo a España.  Los de adelante conversaban animosamente. El día era hermoso. El paisaje, también. Del asiento de atrás, no salía sonido alguno.

Abril estaba tan  contrariada que todo la molestaba.  Enfrentarse con el mundo real de Vittorio había sido una bofetada para ella. Ésto no funcionaría.  La relación comenzaba a hacer aguas por todos lados.  La pena en los ojos de Vittorio solo indicaban que le había leído el pensamiento.

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