Annecy

Sábanas

Capítulo Nueve:  Cincuenta Sombras

Seguían abrazados, bajo las sábanas. Vittorio era consciente que le tocaba hablar.  Durante la cena, Abril había abierto su corazón, sin reparos, confiando, contando su vida, con sus momentos felices como con sus heridas.  Habló de sus convicciones, de sus ideas, de sus opiniones frente a la vida, de las injusticias, de las penas y las alegrías.  Ella fue valiente. Y se mostró. No temió quedar indefensa en su vulnerabilidad y su bondad.

Vittorio no vivía ese sinceramiento como Abril. A él, descubrirla, lo acercó más que nunca. Ella era poseedora de lo que él nunca había tenido.

Y entonces, habló.  Abril permanecía acurrucada en su cuello, con la mano lo acariciaba, animándolo a proseguir. Él hablaba despacio, casi susurraba, con su boca pegada a la de ella.

Educado en los mejores colegios. Sí !  Pero internado.  Su madre lo venía a buscar para las Navidades. Y, a veces, solo a veces, para algún cumpleaños.  No quiso hablar del año  aquel, cuando  teniendo tan solo doce años, tuvo que soportar las vejaciones de aquel  grupete satánico,  de adolescentes ricachones,  de diez y seis años de edad. Eran cinco. Solo mencionarlo lo hizo estremecer.

La fortuna familiar nunca compensó su soledad.  Y él creció solo.

Cuando volvió a Italia, ya era preso de varias adicciones. La vagancia era su modo de vida. Casanovas sin descanso.

Una vida vacía.  De juerga sin fin. Sin el menor sentido.

Acostumbrado a las vergüenzas de su padre. Dos veces preso! La relación con el padre, era… ¿qué relación? Sin relaciones…

La única que importaba era su hermana, una niña sumisa, llena de complejos y baja estima, totalmente dominada por su madre.

Frecuentemente, mientras hablaba, notaba que Abril le pasaba los dedos por los ojos.  Por fin entendió. Lloraba.

Comprendía que sus mundos eran diferentes.  Pero él creía que era el motivo universal que los unía. De hecho, a estas alturas, Abril le era mortalmente imprescindible.  No quería vivir sin ella.  Si iban a seguir juntos, ambos tendrían que hacer concesiones.  El problema para Vittorio, es que él las haría con gusto: dejar la droga, las apuestas, el alcohol, las mujeres, los vicios, y ponerse trabajar, ganándose dignamente el sustento.  Sí. Era mucho para ceder. Pero él era el más beneficiado. ¿Qué le estaba ofreciendo a cambio? ¿Qué tenía para dar?

En cambio, Abril, tenía de todo para dar.  Y mucho por dejar: viajes, ayuda al prójimo, bondades, entregas…

Todo lo que Vittorio tenía que dejar, era una porquería.

Todo lo que Abril tenía que dejar, en cambio, era material de primera.

No daban las cuentas.

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