Cartas a Ana

Rosa

Carta Nº 7:  Whatttt???

Querida Ana:

                       Hoy es viernes. Terminando el día. Acabo de llegar a mi habitación. No sé cómo contarte…Está absolutamente llena de rosas!  Everywhere… No entiendo nada.

                   Esta mañana llegué a la oficina temprano. Como a las 10 a.m., recibí el primero de tres mensajes de texto de Alí, en mi celular. El primero me sorprendió. El segundo me confundió y el tercero me inquietó. Solo decía: “Quiero verte. ¿Puedo llamarte?”.   No respondí ninguno porque Pierre entraba y salía, revisando los contratos terminados. Y además, está claro que priorizo mi trabajo por sobre los placeres mundanos. Alí tendría que esperar. Pronto llegó el almuerzo, programado para resolver el criterio a seguir en los informes al Ministerio, con Pierre y Thomas. Cuando nos reunimos en el restaurante, no contaba con la presencia de Oliver. Me turbó. Como siempre lo hace. Decidí que era un buen momento para contestar los mensajes de Alí. Debo reconocer, que disfruté la inquietud de Oliver. No perdía de vista ninguno de mis gestos. Yo terminé de contestar a Ali e inmediatamente hizo sonar mi celular.  Me disculpé cortésmente y me levanté de la mesa, para atender el llamado. Lo gocé, amiga. Lo gocé. El rostro pétreo de Oliver, alimentó mis heridas, con sabor a postre…

                          Alí tenía un ataque de ternura, creo. No sé a qué más atribuirlo. O precisaba dinero y no llegaba a mañana sábado. No sé. Pero estuvo extremadamente cariñoso y solo me repetía que quería verme. Sí, sí, le aseguré. Nos vemos mañana a la noche. Y entonces volvió a decirme que mañana no era trabajo. Es una cita. ¿Una qué?

                               Durante el almuerzo traté de esquivar las frases mordaces de Oliver. Los celos lo habían transformado. Me concentré estrictamente en el trabajo. No fue fácil. La tarde transcurrió ajetreada. Y volví al hotel. Cuando entré y vi tantas rosas, asumí que eran de Alí. Cada vez entendía menos. Hasta que, hace unos minutos, sonó mi celular y casi no respondo: era un número totalmente desconocido. ¿Otra treta de Oliver?

                              Pero atendí. Oscar Al Dashti estaba del otro lado de la línea!  Whatttt????

-“Sé que te gustan las rosas. ¿Hice bien?” – me dijo.

-“¿Cómo conseguiste mi número? ¿Cómo sabes que me gustan las rosas? ¿Por qué me las mandaste? Hubiera bastado una sola. ¿Cómo conocías el número de habitación? ¿Qué querés de mí?”- pregunté histéricamente.

Y en riguroso orden, contestó de a una.

-“Llamé a la Compañía y conseguí tu celular”- ; -“Sé mucho sobre vos”-; -“Porque quería llamar tu atención”-; No, una sola rosa es para una mujer común”-; -“Me lo dijo el mozo del restaurante”-; -“Una cita, mañana a la noche”-

Se hizo un silencio incómodo. Yo trataba de procesar lo que estaba sucediendo. Y pensar qué diría. Pero se mostró impaciente y dijo:

-“¿Hola? ¿Estás ahí?”-

-Sí, sí. Acá sigo. Es que no te conozco. ¿Por qué aceptaría?- pregunté.

-“Porque voy a hacer que valga la pena”- Y cortamos.

                                   Como verás,  amiga, es un día abrumador. ¿Qué sentido tiene? Tengo una visa que expira en veinte días. Solo pienso en terminar mi trabajo y volver al hogar, recuperada. Qué voy a hacer mañana? ¿De qué hablaríamos? Es un extraño de culturas diferentes.

                                     No he comido nada y estoy, además, totalmente insomne, a pesar del cansancio.  Y vos no estás aquí, para aconsejarme.

                                      Ésto es un error. No voy mañana. No voy.

                                      Dulces sueños, amiga.

                                      Beso

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