Construyendo la vida

Capítulo Uno:  “El Despido”

Y ese día sintió que el mundo estaba dado vueltas.  No era para menos!  Por primera vez estaba sin trabajo, a diez mil kilómetros de su hogar, sola, emocionalmente destruída, confundida y sin saber qué haría con su vida.

El mundo del revés!  Desde que se recibiera de arquitecta, no había parado nunca de trabajar.  La Empresa a la que había pertenecido todos estos años,  le asignó la tarea de construir las sucursales en cada uno de los países donde tenían presencia. Setenta y cuatro, en total. La actividad de la Compañía era netamente financiera. La casa matriz estaba en Suiza. Fue allí donde todo empezó, en su tierra natal.

La elección de su carrera profesional había sido influencia de su padre. No se equivocó. Érika era,  más numérica que apasionada; más calculadora que altruista; sin embargo, una fuerte dosis de idealismo, la acercaban a la dulce fantasía de lo artístico.

Sí. Definitivamente la arquitectura la pintaba de cuerpo entero.

El impresionante curriculum académico le permitió ganar aquel puesto tan deseado.  El edificio de la Empresa era todo de vidrio, ultra moderno, en pleno centro de Zurich. Su oficina quedaba en el tercer piso, donde trabajó incansablemente, hasta cumplir el objetivo del primer tramo del proyecto:  elaborar los planos de un único modelo de edificio, para cada una de las setenta y cuatro sucursales que la Compañía construiría alrededor del mundo.

No solo tenía la responsabilidad de los planos: debía calcular los materiales y sus costos y dirigir cada una de las obras. Faraónica tarea. Le habían asignado un equipo de colaboradores leales y dinámicos,  y motivado con un sueldo pantagruélico.

Eso sí:  el trabajo ocupaba toda su vida. No había tiempo para nada más.

Esa tarde, calurosa, de 32º,  y húmeda, en Singapur, sintió tanta pena que le dolía la sangre circulando alocadamente por sus venas. Lloraba. Las palabras de su jefe, a quien ella había admirado durante todos esos años, se repetían una y otra vez en su pensamiento :

-“Estás despedida”-

Érika, un par de años antes,  le había preguntado a su padre, sumida en la más profunda de las tristezas:

-“¿Qué va a ser de mi vida, ahora, sin vos?”-

Su padre, en su último aliento, le contestó:

-“Cuando no sepas qué decisión tomar, pensá qué te diría yo si estuviéramos frente a frente.  La respuesta vendrá. Porque, aunque no me veas, siempre estaré a tu lado.”-

Ahora había llegado ese momento. Miró hacia el cielo y preguntó, aún llorando:

-“Papi, ¿qué voy a hacer ahora?”-

Solo escuchó el sonido de su propio llanto, que se confundía con la lluvia, de ese  clima ecuatorial sin estaciones distinguibles.

Sobresaltada por la furia eléctrica de los relámpagos en el horizonte, pudo descubrirse en la intemperie.  Su ropa mojada dejaban traslucir su cuerpo perfecto. Se adivinaba su desnudez.

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