Coral

coral 2

Foto de www.losandes.com.ar

Capítulo Siete:  Cada vez más profundo

Había que recuperar el tiempo perdido. Thomas se sumergía temprano, y fotografiaba el suelo marino.  El resto del grupo lo asistía con esmero:  las luces, el mini-submarino, cables, arpones… Cada inmersión debía tenerlo todo.

Thomas no sacaba fotos: creaba.  Su arte lo hacía ser respetado y obedecido por el resto. Incluso por Alexandra.  Era la más sorprendida. La verdad era que su personalidad independiente, su carácter firme y su seguridad en sí misma, la convertían en todo menos dócil. Pero momento a momento, se auto-descubría obedeciendo las indicaciones de Thomas.  Lo admiraba.

Y algo más.

La cuestión es que ella aprovechaba a trabajar mientras tanto.  Él buscaba las mejores tomas;  ella estudiaba detenidamente al coral. Con instrumentos quirúrgicos y una suavidad experta, Ale recogía muestras sin dañar. Ascendía lentamente, llevando su preciosa carga hasta el bote neumático; y bajaba con movimientos tan femeninos que nadie podía evitar mirarla acercarse.

Usaba unas patas de rana larguísimas, que evocaban la imagen de una sirena.

Ale ascendía y descendía lenta, grácil, bella, siempre volviendo al lado de Thomas.  La escena recordaba a un niño correteando y jugando cerca de su madre, sin perderla de vista.

Al atardecer volvían cansados, pero sintiendo el dulce sabor del deber cumplido.

Después de la cena, siempre encontraban un lugar apartado donde poder amarse sin tapujos, igual como en las profundidades, moviéndose al compás, suave, lento, profundamente.

Pero esa tarde, al volver, encontraron al grupo activista esperando a Alexandra en la playa, para avisarle que partían al amanecer, hacia la Antártida. La noticia los sacudió: ella y Thomas se cruzaron miradas inquietas. No querían separarse.

No podían.

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