Coral

Greenpeace y National Geografic

FOTO: Pedro Armestre / Greenpeace

Capítulo Nueve:   La excusa

El grupo podía ver su tristeza.  La ausencia de Alexandra se adivinaba en el andar agobiado de Thomas.  Ya no era el mismo. El trabajo fotográfico en la Barrera de Coral de Australia, seguía siendo magnífico. Pero no lo gozaba.

La Nat  Geo estaba muy satisfecho con las ganancias que provenían del trabajo de Thom. Al punto que la renovación del contrato había sido suculentamente provechosa.

Se había ganando el respeto de todos, en New York.  Su opinión valía. Por eso cuando expuso su idea, el grupo de trabajo (sus amigos Jean y Francisco) no se sorprendió de que la Nat Geo aceptara  y financiara semejante locura.

Thomas, loco por verla, tuvo que pensar una excusa:  les propuso unir a National Geographic con Greenpeace en una causa común.  Invitarían a un reconocido compositor y pianista italiano, quien, sobre un témpano, interpretaría una pieza. Él sacaría la foto.

Así fue como Thomas volvió a Ale.  Apenas hubo llegado al barco, él pudo verla venir corriendo desde la cubierta, hasta sus brazos abiertos.  No importó la nevisca. No importó el gentío. No importó el frío. No importó nada. Solo se fundieron en un abrazo interminable.

Entre una Organización y la otra, se habían juntado cerca de trescientas personas. El proyecto era dantesco. Thomas estaba a cargo. Los preparativos hacían que el tránsito del gentío fuera ajetreado. Hasta que todo estuvo finalmente listo.  Todos esperaban a Thom.  Pero, dónde estaba?  Nadie lo había visto.

Las ventanas del pequeño camarote de Alexandra estaban tan empañadas que  no dejaban ver la intensa actividad del barco.

Eran uno solo. Una y otra vez.

Una y otra vez.

Un golpecito discreto a la puerta anunció la necesidad de aparecer en cubierta. Todos, afuera, esperaban impacientes.

Thomas apareció con su equipo de última tecnología. Buscó el témpano adecuado.  Lograron bajar el piano de cola  y al famoso compositor quien, sin poder disimular el terror que sentía de caer en las aguas heladas, hizo sonreír a más de uno.

Thomas daba órdenes claras, precisas.  Todo estaba en orden. Según lo planeado.

Buscó el ángulo.

Bajó del barco; se instaló en la plataforma hecha para el fin, y esperó el momento de la creación.

Su foto dio la vuelta al mundo.  Una vez más, la perfección del arte.

Al terminar el día, todos estaban agotados y maltrechos. Pero felices del deber cumplido. El clima empezaba a empeorar.  El capitán emprendía la retirada. Si no lo hacían ya, quedarían atrapados en el mar helado.

Afuera nevaba. Las aguas congeladas por el intenso frío.

La temperatura del camarote, en cambio, volvió a subir.  Durante toda la noche.  La sed era insaciable.

Lo último que se escuchó esa noche, antes de quedarse extenuadamente dormidos, fue un te amo.

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