Cuestión de piel

 

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Capítulo Tres:  Dakota

La llegada del otoño era inminente.

A pesar de los años transcurridos y el cariño que sentía por Nayeli, la única hija del jefe de la tribu de amerindios, nunca se sintió parte. Aunque era muy pequeña cuando ocurrió, lo recordaba todo.

Los primeros colonos que llegaron a la región, fueron atacados ferozmente por los nativos. Los regimientos del ejército, dispersos, no eran suficiente protección.

Los padres de Emily, junto a sus hermanos y sus abuelos, habían sido masacrados delante de sus ojos. Ella, escondida por su madre, no había sido encontrada. Hasta que se escuchó su llanto. Tenía seis años. Aquel musculoso hombre, pelilargo, con su cara extrañamente pintada, la levantó de un solo tirón, acomodándola en su caballo. Lloró todo el camino.

El poblado le era completamente extraño. Solo la consoló la niña que la abrazaba, llamándola Dakota.  Tenían la misma edad.

El Gran Jefe de la tribu no tenía hijos varones. Solo a Nayeli.  La niña representaba para él, todo. Eran sus ojos. Así que, cuando vio el cariño que sentía por Emily, el Jefe la crió como hija. A las dos por igual. Todos la llamaron Dakota (amiga). Era su nuevo nombre.

Pero Emily, aunque en silencio,  nunca olvidó su origen.

Solo en verano y otoño, Emily veía hombres blancos en la aldea. Eran tramperos. Socializaban en paz. Ellos traían regalos y otros suministros y la tribu los recibía con gusto.

Durante el verano, había visto a aquel trampero, joven, de unos veinte años. Ella todavía no los tenía.  Aunque vino varias veces, Emily solo lo veía de lejos. Eran reuniones de hombres.

Muy pronto llegaría el otoño. Los tramperos saldrían a buscar los diques y los árboles roídos. Allí pondrían sus trampas.

Lo vería otra vez?

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