Digamos “perdón”

La declaración del perdón

El perdón puede declararse en dos actos, un primer acto:

TE PIDO PERDÓN, es distinto del segundo acto TE PERDONO, sin embargo ¡ambos actos son extremadamente maravillosos! El perdón del otro no nos exime de responsabilidades, como resultado de nuestras propias acciones. El segundo acto, es necesariamente el salva vidas que nos rescatará del espacio de resentimiento, tema que abordáramos anteriormente.

Perdón

 

Pero al que me quiero dedicar muy especialmente:

Hay un tercer acto declarativo, que no tiene que ver con pedir PERDÓN O PERDONAR, sino que guarda relación más íntima aún, y se trata del permitirse el PERDÓN DE UNO MISMO; EL PERDONARSE. El perdón a sí mismo tiene el mismo espacio liberador y de expansión que tiene el PERDONAR:  es un Acto de Amor, para con nosotros mismos y para con la vida.

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Tres consejos para perdonarse a uno mismo

La vida nos lleva, en ocasiones, a situaciones en las que no vemos, no actuamos con total claridad o simplemente nos equivocamos. En cada día de nuestra vida nos ponemos a prueba para mostrar nuestras emociones, para compartirlas, sufrirlas, o por el contrario, sobrevivir en una burbuja de acero.

Errar es humano, de hecho cometer errores es parte fundamental en el aprendizaje emocional. No existe quien no comete fallos.
Muchas veces decisiones desacertadas, mala comunicación o momentos que se tuercen, acaban dentro de nosotros en forma de puntos negros, formando parte de nuestra alma.

Si estas sensaciones de malestar, enojo con uno mismo no son atacadas desde dentro, corremos el riesgo de añadir un centímetro más de grosor a nuestra coraza emocional.

Pedir perdón a nuestro entorno, verdadero perdón, es difícil pero muy satisfactorio a la larga; sacamos brillo a la honestidad y la humildad, conceptos que contribuyen al conocimiento personal máximo objetivo para una salud emocional óptima.

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A continuación enumero tres simples consejos para ayudar a superar este comprometedor dialogo con nuestra alma.

Algunas pautas para alcanzar el perdón propio

1. Identificar las emociones que han llevado al origen del sentimiento. Podemos engañarnos muchas veces pero si reflexionamos, aunque sea cinco minutos, visualizaremos ciertas emociones responsables de esa culpabilidad: miedo, inseguridad, envidia, etc., deben de dibujar la “hoja de ruta” para conocer el por qué de nuestro comportamiento. Sin realizar este paso correctamente no será posible conseguir el perdón.

2. Asumir Responsabilidades. Tener en cuenta que nuestros actos conllevan consecuencias es vital. Responsabilizarnos de nuestras acciones implica un esfuerzo sincero por nuestra parte de los errores cometidos. Libera nuestra madurez y nos hace fuertes frente a la realidad. Obtenemos satisfacciones al incidir en este trascendental punto.

3. Saber perdonarse. El momento ha llegado y debemos afrontarlo. Apoyándonos en los resultados de los puntos citados anteriormente, debemos de darnos la oportunidad de ser lo que somos; de aceptar que convivimos con miedos, inseguridades y emociones que modifican nuestros caminos. De entender que es lícito fallar, equivocarse está permitido. Aprender de la experiencia interior vivida es el ejercicio a realizar, para que nuestra alma conviva con esas sensaciones y sepamos gestionarlas correctamente.

Estos simples ideas pueden ayudarnos y servir como una guía inicial para vivir con la culpabilidad y la falta de perdón. Si poco a poco vamos dejando al alma empaparse de todo este tipo de agrias sensaciones, con el paso del tiempo se convertirán en “problemas” emocionales con solución y respuesta.

La vida se encargará de enfrentarnos a situaciones nuevas o anteriormente conocidas, en el que nuestro yo sabrá reaccionar de un modo sano y natural repercutiendo positivamente en nuestro estado emocional.

 

 

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