El difícil arte de delegar. Parte I : En el trabajo

Empecemos por definirlo:

Delegar es darle  un poder, una función o una responsabilidad a alguien, (un colaborador, un empleado, etc.)  para que los ejerza en tu lugar o para obrar en representación tuya.
Delegar
Desde el punto de vista empresarial, sin duda saber delegar es el secreto del éxito.  Saber delegar implica  cómo delegas, a quién delegas, o qué tan seguido lo hacés. “Delegar de forma efectiva no es solamente añadir éxito a tus logros, sino multiplicarlos. En la mayoría de los casos, no delegar eficazmente reducirá la velocidad de tu desarrollo. Si deseas mejorar el uso de tu tiempo, delegar es esencial.”

Tiene tres componentes imprescindibles:

1) Elegir muy bien a nuestro Colaborador . Es el primer componente  desarrollado en este escrito, ya que si somos muy buenos delegando,  pero nos hemos equivocado en la elección de nuestro colaborador, no llegaremos a buen puerto.  Por más que ejercitemos nuestra parte, si el colaborador no tiene la personalidad necesaria, será inútil insistir.  O sea que, a la hora de delegar, sin duda lo más importante, es saber a quién delegar.  Para saber si hemos seleccionado adecuadamente a nuestro colaborador, basta con estar seguros si se involucra en la responsabilidad de los resultados:  darle a alguien más libertad para tomar decisiones de cómo lograr alcanzar  determinados objetivos,  significa soltar.
Si lo hemos supervisado, auditado y controlado permanentemente, no hemos soltado.  Si nuestro cerebro permanece “pensando”  en el trabajo delegado, no hemos delegado. Por ende, seguimos con parte importante de nuestra mente, ocupada, situación que provoca dos graves inconvenientes:

a) Duplicamos el mismo trabajo:  nuestra mente está “a cargo” de un trabajo que ya está en la mente de alguien más (nuestro colaborador). O sea, hay dos personas involucradas en el mismo trabajo.

b) No “desocupamos” nuestra mente y sobre todo nuestro tiempo (bien tan escaso en estos días), lo que nos impide avanzar, progresar, evolucionar… estamos estancados en un montón de trabajo , que precisa un día de treinta y seis horas.

2) Confiar en él.  Éste es un problema nuestro, no de nuestro colaborador.  Hemos elegido a un empleado idóneo, capaz, responsable, involucrado con la organización, que escucha atentamente nuestros objetivos, que se informa, que revisa….  pero conservamos esa desagradable sensación de que “nadie lo hace como yo”.   Bueno, amigo. Si éste es tu caso, no es tu empleado el problema.  Nada que no puedas resolver, en un diván.

Delegar-e-inovar

3) Saber dar el mensaje.  Has dado con un colaborador ejemplar (pasaste el ítem 1);  confías en él (pasaste el ítem 2), pero no tenés buenos resultados: seguís pendiente de los trabajos delegados.

Es que además, hay que saber comunicarse.  Qué es comunicar?  Es poner en común. O sea, expresar al otro una idea.  Cómo? Claramente.  Hay dos formas comunicacionales convencionales:

a) Informativas:   Aquí ubicamos a las órdenes.  Soy un empresario que tengo una pyme, y que estoy delegando parte de un trabajo, a mi Hombre Clave. Le digo qué quiero, cómo lo quiero, dónde lo quiero y en qué tiempo.  No espero respuesta. Sólo he transmitido una información. Una orden.

b) Comunicación organizacional:  Soy el mismo empresario, pero a mi Hombre Clave le digo con precisión, cuáles son los resultados a los que hay que llegar. Posiblemente en cuánto tiempo.  Le doy toda la información que él me pida.  Le hago un par de sugerencias de del cómo , pero lo dejo que decida cuál camino seguir. Los imprevistos serán solucionados por él.  Discutimos los puntos importantes. Lo escucho. Lo animo: “Darte a vos esta responsabilidad me dará más tiempo a mí para enfocarme en otras partes del negocio y vos tendrás la oportunidad de aprender más sobre lo que está sucediendo afuera de nuestro departamento, lo que te pondrá en una mejor situación para esa promoción que deseas”. 

Epílogo:  Delegar no es fácil. Se practica. Es un comportamiento que se aprende.  El premio?  Tendrás mucho más tiempo

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VJ

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