Hablemos de la doble vida

Para llevar una doble vida es imprescindible no tener escrúpulos…

Definamos:

El escrúpulo se refiere siempre a las faltas “humanas”, como la falta de valores y que no se manifiesta necesariamente en todos los campos de la moral. (Wikipedia). 

Reflexionemos:

Podríamos pensar que, los avances informáticos han contribuido al cambio producido en la sociedad, en los últimos años, con respecto a la proliferación de “la doble vida”:  Las citas on line que hacés desde apps bajadas en tu celular, son lo último, más reciente,  a la hora de mentir, al volver a casa.  Toda esta tecnología se ha convertido en una “facilitadora” de la gran falsedad del hoy.

Pero la verdad es que la doble vida tiene historia. No nació con los avances informáticos. Diez y seis años atrás, no había ni siquiera celulares smart.

Ahí va el cuentito:

Había una vez un cliente, que me llamó para que lo asesorara sobre los beneficios de contratar un seguro de vida. Ingeniero, Company Man de San Antonio Pride, Hugo insistió en que nos reuniéramos en su casa, después del trabajo. Rezongué un poco, ya que “después del trabajo” no se trabaja. Pero Hugo me convenció porque Leti me esperaría con budín, hecho por ella.

La cuestión es que, a pesar del cansancio, a las siete de la tarde, una vez más, fue tan agradable respirar ese clima hogareño que yo ya conocía. Leticia era macanuda; de mediana edad; no era linda por fuera; pero lo olvidabas enseguida; era tan linda por dentro. Dos hijos adolescentes completaban la familia: María Eugenia, de quince; Facundo, de once.

Hugo contrató su seguro, convencido,  después de escucharme con atención, que su decisión lo dejaba por fin tranquilo: Leti no trabajaba fuera de su casa.

El lío se armó cuando, al terminar nuestra reunión, Hugo insistió en acompañarme hasta la puerta. Creí que nos despediríamos en el umbral, pero tomándome del codo, me acompañó hasta mi auto.

Me estiré para besarlo en la mejilla cuando, sorprendida, siento un papelito que Hugo acomodaba en mi mano, con disimulo: con una dirección escrita. -” Podemos reunirnos mañana, al mediodía, en esta dirección?”-

-“Hugo !, protesté.  Te confundiste? “-

-“Nooo, Vivi. Es laburo, es laburo” – insistió. “Necesito que vuelvas a asesorarme por otro asunto.”-

doble-vida

No entendí nada. Pero al día siguiente, tocaba el timbre en la dirección indicada. En la misma ciudad. Era un departamento, del cuarto piso. Me atendió una mujer, joven, muy linda, y embarazada. Muy embarazada. Diría unos siete u ocho meses. Mientras me abría la puerta, invitándome a pasar, un niñito de unos cuatro años, corría por el living arriba de un caballito de juguete. En la mesa puesta para almorzar, sentado estaba… Hugo.

Contrató otro seguro, con Vanesa como única beneficiaria.

Hasta ese momento, yo creía que esa situación era solo de películas.

La primera reflexión que me vino a la mente, fue sorprendentemente estúpida: -“Cómo hace para no equivocarse los nombres, al llamarlos? “- me dije.

Quéeee??  De dónde saqué eso???  Obviamente mi inconsciente pensaba por mí. Probablemente ése, sería mi problema si yo hubiera decidido llevar una doble vida. A partir de ese día,  dejé de llamar por su nombre al caballero que me cuidara.

Lo que vino después, siempre se llamó “Cielito”, por las dudas.

VJ

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