Hablemos de la hipocresía.

mentiroso

Definamos:

“Un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad.” (Wikipedia)

Es decir, una persona hipócrita aparenta ser alguien mejor de lo que es. O sea, es una de las tantas formas de mentir.

Viejos dichos del folclore mundano, nos definen el término con simpleza:  “Haz lo que yo digo; no lo que yo hago”…..

La hipocresía tiene dos formas:  las podemos encontrar en el modo simple o combinado:  la simulación y el disimulo. “La simulación consiste en mostrar algo distinto de lo que se es, en tanto que el disimulo oculta lo que no se quiere mostrar.”

Muchas personas fallan en reconocer que tienen imperfecciones que condenan en el resto.

 

 

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Planteada la teoría, vayamos ahora a nuestra historia.

Había una vez, tres amigas, adolescentes,  inseparables.  Juntas desde la primaria. María, Nora y yo. Qué unidas que éramos!  Qué lealtad. Los tres Mosqueteros! No importaba qué macana había hecho una: el problema era de las tres!

Hasta que la vida pasó, y el secundario también. Universidad para las tres: María se mudó a Bahía Blanca; Nora a Buenos Aires y yo quedé en la universidad local. A pesar de las innumerables insistencias de mis dos amigas para llevarme con ellas, no pudo ser.  El amor ciego de mi padre ( y la indiferencia de mi madre), le impidió soltarme.

Y conocimos a nuestros respectivos.  Nora, a un compañero de Facultad (luego sería su marido y padre de sus hijos); María conoció a Mario (luego sería su marido y padre de su hija) y yo conocí al mío, padre de mis tres).

La primera en desarmar el inseparable trinomio, fue María. Mario era abogado. Apa……!  Ella, obnubilada por la distinción, se enamoró tan profundamente, que dejó de pensar por sí misma. Mario, a su vez, tenía unos humos insoportables. El título universitario lo había elevado a una casta superior.  A tal punto que, no me dí cuenta que cada vez nos distanciábamos más; nuestra amistad comenzaba a perderse. Hasta que un día, lo supe por terceros: Mi novio no portaba título y eso a Mario no le era suficiente .

Yo no tuve la suerte de mis amigas: Yo tenía que trabajar para estudiar. Ni lerdo ni perezoso, mi novio vio la oportunidad de emprender algo juntos, y así lo hicimos. Con resultados rápidamente sorprendentes,  comenzamos a forjarnos un futuro promisorio.  Hasta que un día, alguien vino a visitarlo:

Sip. Mario. El abogado.

Mario

Mi novio no salía de su asombro, no solo por la sorpresiva visita, tan amistosa al llegar, sino por el fenomenal mangazo de dinero que vino pocos minutos después.  Miguel (mi novio) atorado por la sorpresa, solo atinó a contestar que lo consultaría conmigo.

Cuando resolví escribir sobre la hipocresía, de quién me acordé?

De Mario.  Aun que han pasado treinta y tantos años, con él aprendí , sufriendo, obvio, lo que significaba la hipocresía.

Si quieren saber cuál fue mi respuesta, solo les contaré que no fuimos invitados a su casamiento (mi amiga de toda la vida). Nunca más volvimos a vernos.

La extrañé tanto.

Viviana Jolivet

 

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