Hablemos de la vanidad. Part II: La masculina

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Reflexionemos:

El pavo real expande su cola emplumada multicolor, cuando quiere impresionar a su dama. Gana sus favores, aquel macho que físicamente, esté mejor dotado.

El ciervo conquista su dama cuando, luego de feroz batalla con otro macho, demuestra su fuerza ganándola.

Los pájaros cantan para conquistar a su dama.  Cuanto más fuerte su canto, mejor les va.

En la Naturaleza, el macho de cada especie demuestra su masculinidad de una manera.

El hombre en cambio, tiene flor de tarea:

Al igual que el pavo real, cada vez más frecuente, el hombre está preocupado por su apariencia física.  Es que después de Brad Pitt, Beckan e Idris Elba , a nosotras nos molesta la panza de cerveza, y pocos pelos arriba.

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Al igual que el ciervo, no puede bajar la guardia nunca, por temor a ser confundido. Cuanto más fuerte, más nos gusta.

Al igual que los pájaros, el hombre de voz grave, fuerte y definida, conquista con más facilidad.

Como si todo esto fuera poco, el hombre de hoy , para enamorarnos rápidamente, tiene que ser, además,  exitoso.

Uffff, pobre tipo.  Menos mal que nací mujer! A mi me toca solo vivir a dieta. (que por cierto no es un tema menor)

Un informe reciente sobre “El Hombre en el Siglo XXI”, dio el siguiente resultado:  “tres de cada cinco hombres creen que el éxito viene dado por los logros personales en el hogar”,  lo relaciona con el dinero.

Continúa el estudio:  El  44% de los hombres  consideran que la masculinidad es  la habilidad para aportar solvencia económica.

Ahora bien. Razonemos. Quiénes les marcan estos estándares?

Efectivamente. Nosotras.

El pavo real a quien quiere impresionar es a su chica.

Al igual que el ciervo.

Y el hombre?  Y sí que está en problemas!  Es que nos gustan lindos como Brad Pitt, fuertes como Hugh Jackman y con la plata de Bill Gates…

Y ahí va el cuentito:

Era un agradable domingo invernal. Yo, espectadora de una carrera de cuatriciclos, en el medio de las bardas. Sentada en las gradas, sola, atenta al corredor que iba ganando (mi ex), fascinada con el poder de las Honda 400, escucho mi nombre a lo lejos, repetidamente.

Era Charlie, viejo amigo de mi ex, a quien no veía hacía tantísimo tiempo. El alegrón fue genuino: lo recordaba como una excelente persona. De esas que cuesta encontrar.  Un tipazo. Retribuí el abrazo  y sus tiernas palabras en mi oído, se hicieron canción.

A los pocos minutos de verborragia ininterrumpida , (yo estaba callada, escuchando),  apareció ella, de a poco: la vanidad.

A la media hora, ya tenía una definida idea de su patrimonio neto:

Una casa grande, con quincho y parque, casa en Las Grutas, dos camionetas importadas,  tres campos, casa que le compró a su hijo, casa que le compró al otro hijo, viaje a Miami donde compró , ufff, de todo, y la frase ganadora: -” y ahora ya no trabajo; ya estoy hecho”-

La lista siguió toda la tarde.  Pero creo que no hace falta contar más. Ya mostré el punto. No me habló de otra cosa.

Si hubiera sido una tarde de conquistas, yo hubiera comprendido: era el pavo real mostrando su cola.

Pero como fue una tarde de amigos, fue solo vanidad. Solo eso.

Intensa.

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