Hablemos de las murallas

Definamos:

“Se denomina muralla a un muro cerrado destinado a la protección y defensa de determinado sitio”.

Reflexionemos:

Aunque se estima que fue empezada en el siglo V a.c., la Gran Muralla China fue construida y reconstruida durante varias dinastías. Lo más fehaciente, afirma que fueron más de mil setecientos años dedicados a colosal tarea, donde murieron más de diez millones de trabajadores. En la actualidad aún se conserva parte de ella, alrededor del 30% ( 5.760 km aproximadamente).

Ahí va el cuentito:

Había una vez, una gran muralla. No era china. Era entre ellos dos.

Ella era tan distinta. Sus enojos, aunque frecuentes, nunca duraban más de unos ratitos. Fiel vividora de cada minuto, ella disfrutaba de la vida a pleno. Veinticuatro horas nunca le fueron suficientes. Estar enojados era, para ella,  una pérdida de tiempo.

El enojo,  afirmaba,  era necesario solo para mostrar el punto. Después, a besarse y nunca olvidar lo sucedido. No por rencorosa. Simplemente,  su minúscula inocencia que aún conservaba, le hacía pensar que, una vez abordado el problema, no había que repetirlo.  Para qué servía el amor, si no era para respetar y ser respetado!

Aunque era calculadora para esperar el momento adecuado, ella prefería hablar. Le temía a las conversaciones espontáneas. Se temía, por lo filoso de sus palabras. Prefería la calma; luego la reflexión. Después vendrían las frases adecuadas.

Apasionada como era,  tenía un dicho favorito:  -” A las diez de la noche, se cierra la puerta y todos los problemas quedan afuera “-  ( pensamiento que no era, dicho sea de paso, de su autoría).

Pero tuvo que acostumbrarse a vivir distinto. Él era tan diferente!

También su enojo era frecuente, pero, era larguísimo. Como la Muralla China. Capaz de no hablarle durante días enteros… semanas, si el enojo era de nivel.

Ella cedía una y otra vez. No por adjudicarle la razón. Era tan solo incapaz de vivir a su lado, en silencio. Cruzarse en el pasillo y verlo esquivar la mirada, con el ceño fruncido.

Totalmente consciente de esta situación, él marcaba equívocadamente su hombría. Ella, en cambio, veía debilidad en esas actitudes.

Aunque pasaba días tratando de descubrir qué lo había enojado esta vez, ella consentía. Pensaba que las murallas se construyen para protegerse y defenderse. Acaso él se sentía amenazado?

Equivocado o no, era la única manera en que conseguía su atención.

Ella encontraba inadmisible vivir bajo el mismo techo, sin hablarse durante días.

Tiempo de soledades.

mujer-sola

Como era de esperarse, la muralla triunfó. Y dividió territorios. No protegió ni defendió. Solo separó.

Como la Gran Muralla China. Tantas muertes dejó.

 

 

 

 

 

 

 

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