Hablemos de lo que es normal

 

Definamos:

Se califica de normal todo aquello que se encuentra en su medio natural. Lo que se toma como norma o regla social, es decir, aquello que es regular y ordinario para todos. Normal también es un término estadístico, que hace referencia al promedio aceptado. Lo que tienen en común las tres acepciones, es que se refieren a algo no anormal, raro o socialmente no aceptado. (Wiki )

Reflexionemos:

El problema es que,  la sociedad actual se ha flexibilizado tanto con respecto a las normas, que ya no queda claro qué es normal y qué no.

Si nos pegamos a la definición estricta de la palabra (arriba comentada), entonces podemos decir que normal es cualquier ser vivo que carece de diferencias significativas con el resto de sus pares. 

Si ésto fuera así de sencillo, entonces  puede ser que todos seamos normales, o que nadie lo sea. “En este caso podemos pensar, ¿qué es más normal:  una persona homosexual, una persona pelirroja, o un profesor de física cuántica?”- diría Ezequiel Del Bianco.

 

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Ahí va el cuentito:

Había una vez,  Daniela.  Colega. La conocí trabajando. Congeniamos enseguida. Era seria, callada, socializaba poco con los demás.  Pero no era tímida. En absoluto. Cómo explicarlo.  Era callada por elección.  Alta, grandota, corpulenta. No era femenina.  Pero nosotras nos llevamos bien enseguida.  Primero solo hablábamos en el trabajo. Luego vino el café en el centro.

Comenzó sin planearlo, una linda amistad. Compartíamos nuestros triunfos y nuestros problemas. Hasta que un día, me habló de Adriana, su pareja.  No hubo más remedio que hablar de su sexualidad.

Me sentí más tonta que un caracol.  No había advertido nada. Más tarde Daniela me confesaría que, ella advirtió que yo no advertía. Y lo disfrutó, graciosamente.

Volvamos a mí. Yo?  Como Adán el día de la madre: Lost. 

No me había dado cuenta y ahora que lo sabía, no sabía qué hacer con esa información.

Daniela, quien afortunadamente me madrugaba de acá a la China, dirigió.  Decidió invitarme a cenar, para conocer a Adriana.

Como ha quedado, espero, muy claro en anteriores posts, yo, de mojigata, nada. Pero convengamos que era totalmente inexperta en lo que a amistades lésbicas se refiere.

Y fui.

El departamento era sencillo pero cálido. Muy agradable. Olía a hogar.

Adriana me esperaba con una sonrisa. Qué linda que era!  Simpática, educada, femenina, dulce y sobre todo, como doce años menor que Dani.

Esa primera noche, el tema de conversación fue uno solo: la sexualidad.  Supe que Dani siempre fue lesbiana. Su primera experiencia fue con una mujer madura, muchos años mayor. Daniela solo se dejó llevar. Porque siempre lo supo.

Adriana en cambio, estaba con Jorge, cuando conoció a Daniela.

Adri nunca supo. Ni sospechó siquiera. Fue Daniela quien, con ojo de águila e instinto animal, supo lo que Adriana todavía ignoraba.

Daniela tenía sus ahorros en el banco, y Adri era su ejecutiva de cuentas. Así se conocieron.

Aprovechando su dulce inocencia , la experta Daniela se ofreció a hacerle “masajes mágicos” al dolorido cuello de Adriana.

Para llegar lejos, solo hay que dar el primer paso.

Terminé tratándolas con mucha frecuencia. Eran tan felices. La confianza permitía que ellas fueran ellas, sin importar que yo estuviera.

Mientras más las conocía,  más crecía mi admiración por Daniela. Ella conducía. Siempre un piropo para Adriana. Siempre un gesto de ternura. Siempre protegiéndola. Cuánto amor en el aire. Hasta que definitivamente olvidé que no era hombre.  No alcanzó para que yo dudara de mí. Eso jamás. Los hombres son lo mío. Pero admito que alcanzó para descubrir sin rechazos ni reparos, que hay otras formas de ser normales.

 

 

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