Hablemos de los vecinos. Part I. El Vigilante

Definamos:

El criterio realista de Vélez Sarsfield sobre la vecindad, quedó plasmado en nuestro Código Civil: Él sostenía enfáticamente que, (sobre todo en la propiedad horizontal), la vecindad era un semillero de pleitos. (Art. 2617)

El actual Código Civil (corregido el año pasado), también le dedica importancia en su artículo 1973: “Las molestias que ocasionan el humo, calor, olores, luminosidad, ruidos, vibraciones o inmisiones similares por el ejercicio de actividades en inmuebles vecinos, no deben exceder la normal tolerancia teniendo en cuenta las condiciones del lugar y aunque medie autorización administrativa para aquéllas.

Según las circunstancias del caso, los jueces pueden disponer la remoción de la causa de la molestia o su cesación y la indemnización de los daños. Para disponer el cese de la inmisión, el juez debe ponderar especialmente el respeto debido al uso regular de la propiedad, la prioridad en el uso, el interés general y las exigencias de la producción.”

Qué tul ?

Reflexionemos:

Quiénes causan molestias a los vecinos?

  • Adultos desaprensivos
  • Menores maleducados
  • Mascotas ruidosas
  • Objetos ruidosos o mal utilizados
  • Podría seguir mucho más

Por culpa del estrés y el apuro en que se vive, la impaciencia, intolerancia  y ansiedad generalizada que se ve por doquier en la actualidad, el anonimato y el amontonamiento de las ciudades actuales, todos son factores que hacen que una chispa termine en un fuego desvastador.

Ahí va el cuentito:

Cuando compré el terreno donde luego haría mi casa actual, no había nadie. Era tan solo un baldío gigante, recién loteado, con apenas unos servicios esenciales, en la loma del or.

No tenía idea de quiénes serían mis vecinos.

Fui la tercera (de veintidós) en terminar la casa. Muy sencilla ella.

No tenía idea de quiénes serían mis vecinos.

Finalmente, con el paso de los años, el barrio se pobló. La cuestión de los vecinos fue como el Quini6:  Sorpresaaaaaaa!!!!!!!

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Nobleza obliga, antes de hablar del vecino que inspiró este post, debo aclarar que,  Juan y Sra. ; Matías y Sra.; y Andrea, … unos divinos totales. Gracias a Dios, no estoy sola. Cuento con ellos.

En tiempos donde todavía dormía acurrucada con marido, ví florecer la amistad entre mi ex y el vecino en cuestión. (De ahora en adelante llamado Don Vecino). Aunque jamás alcahueteo los apellidos, deben reconocer que, más allá de aclarar que todas las historias que posteo son verdaderas, las enriquezco con los nombres ciertos o casi, para el regocijo de muchos de mis lectores, quienes logran adivinar de quién estoy hablando.

No es este el caso. Lo aclaro porque no quiero que, omitir su nombre, sea una forma de protegerlo con el anonimato. Todo lo contrario. Simplemente, nunca lo memoricé.

La cuestión es que Don Vecino vive aún en la vereda contraria, a una cuadra, con la casa pintada de celeste eléctrico, que nos separa abruptamente del buen gusto de un barrio de Manhattan, pero que, sin embargo, es muy útil para usarlo de “mojón”, viste?  Cuando le indicás tu dirección a algún amigo, le decís: – “de la casa celestita, una cuadra…”-

Don Vecino ya no trabaja. Jubilado de Gendarmería, le hace honor a su rango. Machista chovinista típico, al quedarme sola, se ofreció gentilmente a “pasar el parte” a mi ex, de todos mis movimientos.

Vigilancia veinticuatro horas al día.

Sobre todo, de noche. (Como si una no pudiera tener un buen momento a las diez de la mañana…).

Alertada por mi madre, sabia como pocos, decidí buscar  pruebas de tal “indigna acusación”. Como estarán imaginado, mi primera reacción fue adversa:

– “Mamáaaaaaaaa!!!!!!!!!  Cómo se te ocurre! Siempre tan negativa vos. Mirá que el vecino va a…”

No terminé la frase. Mi madre había salido exitosa, again, y ya me había clavado la duda.

Más atenta ahora, me propuse averiguar qué había de cierto. Por las dudas, yo hacía dejar el auto del visitante ocasional…, a dos cuadras. (Es como el mal de ojo, viste? Nadie cree en  él pero las curanderas son monotributistas…).

Hasta que un día le compré un auto a uno de mis hijos. Ellos acostumbran a visitarme regularmente. Pero un día llegó Gabriel con el auto nuevo. Don Vecino no lo tenía en el inventario.

No pasaron dos horas, y mi celu sonó: Quién es el boludo que está en casa! Vos quién te creés que sos! El monólogo de mi ex fue intenso. Totalmente inútil y patético. Solo logró hacerme sonreir.

Don Vecino no me saludó nunca más.

Me divierte pensar cuántas horas de vida debo haberle quitado, vigilandome oculto tras sus largavistas…

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VJ – La Vigilada

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