Hablemos de Valores: Parte IV. La Mentira

Hace mucho tiempo atrás, manejando en la ruta, veo venir en sentido contrario , a mi amigo . Reconozco su camioneta de lejos.  Amigos desde muy chicos, continuamos cultivando la amistad porque se casó con mi amiga. Nótese que dije “mi amiga”. La amiga.

Al reconocer la camioneta, apuré el paso creyendo que era ella, ya que una figura femenina, se distinguía junto a él.

A pesar de los esfuerzos fugitivos de mi amigo, nos encontramos frente a frente. Ninguno de los dos levantó la mano.

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A partir de ese momento, un torbellino de inquietudes se instaló en mi alma.  Qué hacer?  Mi conciencia me decía que debía contarle a mi amiga.  O a caso yo no la hubiera juzgado con dureza si, las cosas hubieran sido al revés?

Con tanta dureza la hubiera juzgado al descubrir su silencio y complicidad, que probablemente nuestra amistad de tantos años, hubiera terminado ahí.

Ya he hablado en anteriores posts, lo que la lealtad significa para mí.

Sin embargo, y, cauta como siempre, preferí analizar otras opciones:

Hablaría con él.  Dependiendo de su respuesta, yo obraría en consecuencia.  Por ese entonces yo tendría unos 35. Lo cual explica mis pensamientos: En esas épocas, yo era ferviente defensora del género, tanto que jamás se me hubiera ocurrido, por ejemplo, salir con un hombre casado. No solo por mis convicciones éticas y religiosas, si no por no fallarle a otra mujer. (Eso lo conservo)

(Ahora somos tan infieles nosotras como ustedes, lo que hace obsoleto pensar en la fidelidad genérica….)

Retomemos. La cuestión es que la explicación de mi amigo, no me dejó del todo satisfecha, pero alcanzó para clavarme la espina de las dudas: Si su relato era cierto, mi amiga tenía mucho que ver en la vida paralela de Martín.

Hasta este punto de la historia, ya llevábamos dos mentiras:

  • la infidelidad de Martín
  • y mi silencio ante mi amiga.

Mientras tanto, mi amistad continuaba tan estrecha como siempre, y Juana y yo, seguíamos con esas permanentes  salidas de mujeres donde nos contamos todo, viste?   Yo mientras tanto, : “Le digo? No le digo”.

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Pero la vida es sabia. En una de esas jugosas reuniones de café, Juana me cuenta que lo conoció.  Y que qué hacía!  No había estado con otro hombre desde hacía veinte años !!!!!  No hacía más que contarme la historia de cómo lo conoció, una y otra vez, justificando que ella todo este tiempo no había hecho otra cosa más que disfrutar escuchándome relatar las pasiones que me brindaba mi soltería.  Expectante a mis reflexiones, y, sabiéndome tan amiga de Martín, ella escuchó lo que quería:  ” Metele bala, nomás”, le dije. Y le pasé las llaves de mi departamento. (La vida me ayudaba: se cumplía el principio de equidad).

Tórrido romance. (Terminé por hacer un duplicado de mis llaves). Si habré gastado nafta, haciendo tiempo….) (La atorrante de mi amiga, para mi cumpleaños, me regaló tres juegos de sábanas de 1500 hilos. “Para compensar”,  me dijo).

Así fue como, con una valentía que salió de vaya uno a saber de dónde, me largué en parapente, y un día de vinos tintos, le pregunté: ” Juani, vos pensaste que Martín también puede tener un rebusque?  Qué harías si te enteras?  Estás lista?”  .-  A lo que gracias a Dios, ella contestó sin dudar: “No, no lo estoy”.

La historia termina bien, aflójense.  Ambos están juntos. Jamás se enteraron de sus mutuas infidelidades. Nunca abrí mi boca. Son muy felices. Se aman. Y son abuelos.

Mi pretensión no fue jamás, hacer un Corín Tellado….  Es debatir sobre valores, tema éste al que estoy dedicada hace tiempo.

Analicemos cuántas mentiras:  varias

Y yo? Qué debo pensar de mí misma?  Los livianos podrían animarme diciendo que gracias a mi mentira (silencio), ellos hoy siguen juntos y felices.

Otros , más intolerantes, dirían que no hago lo que pregono.

La verdad es que me juzgué con dureza: Mi lema de vida “nunca hago lo que no me gusta que me hagan”, adónde fue a parar? Soy puro  blá blá?..

En esa misma situación, me hubiera gustado que mi amiga me lo contara. Hubiera tenido la certeza de su lealtad y amistad verdadera.

La mentira es hoy, moneda corriente.  A tal punto, que la sociedad ya le ha encontrado clasificaciones: las hay ” mentirillas piadosas”  (qué mier significa eso); “mentiras necesarias”; “mentiras inocentes”….. “lo dije pero no lo siento”…..  etc, etc.

Señores,  una mentira es una mentira; y proviene de un absoluto mentiroso.

Ni la guerra fría, ni los desarmes nucleares, ni las curas científicas endémicas llevan a la humanidad hacia una vida más digna:  El exterminio de la mentira, sí.

Viviana Jolivet

Señora sola ( por exceso de franqueza)

 

 

2 opiniones en “Hablemos de Valores: Parte IV. La Mentira”

  1. Abandonando la mentira como disvalor y sus diversas gradaciones (segun el nivel que el caso requiera, ej. la mentira piadosa que por lo general da mas de lo que quita), el valor de la sinceridad absoluta a mi modesto entender, tiene peso propio y por lo tanto, a mi modesto entender, su administracion es exclusiva y excluyentemente patrimonio de su portador cuando sus efectos no alcanzan a terceros.

  2. A veces mentir es una forma de preservar. En la mentira hay un status quo que no cambia y que a veces es lo que nos mantiene atados a tantos otros valores. No siempre la franqueza. Quienes tienen otros valores permiten en su vida otra adrenalina, no solo en el amor. Yo me crie en otra epoca, todo vale, hasta que el cuero aguante… lo importante es no jugarse sin estar dispuesto a la consecuencia. Señora acompañada porque hay señoras solas que me cuentan que no esta tan lindo y que vale la pena y la alegria seguir adelante.

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