Hablemos de vicios y adicciones: Part I

vicios

Definamos:

“Un vicio es toda palabra que puede definirse como un un mal hábito. Algunos sinónimos de este término son: falta, depravación, exceso, mala costumbre, afición, desviación.  Su antónimo (el opuesto) es la virtud.

La palabra proviene del latín invitium, que significa «falla o defecto» aunque el significado social que se le ha dado a la palabra se ha ido ampliando para incluir muchas otras acepciones:  la prostitución, las apuestas, la lujuria, el libertinaje y la obscenidad. “

“Las adicciones, en cambio, son a una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas. Esto implica una incapacidad de controlar la conducta, dificultad para la abstinencia permanente, deseo imperioso de consumo, disminución del reconocimiento de los problemas significativos causados por la propia conducta y en las relaciones interpersonales así como una respuesta emocional disfuncional.

El resultado es una disminución en la calidad de vida del afectado (generando problemas en su trabajo, en sus actividades académicas, en sus relaciones sociales y/o en sus relaciones familiares o de pareja). La neurociencia actualmente considera que la adicción a sustancias y a comportamientos comparten las mismas bases neurobiológicas.

Además del consumo de sustancias psicoactivas existen adicciones a procesos como la adicción al sexo, la adicción al juego (ludopatía), la adicción a la pornografía, la adicción a la televisión, al deporte, la adicción a las nuevas tecnologías (tecnofilia), al móvil (nomofobia) y la adicción a Internet.” (Wiki)

Reflexionemos:

En resumen, el término adicción se utiliza para describir una compulsión recurrente en un individuo para participar en alguna actividad específica, a pesar de las consecuencias nocivas, según se considere por el propio usuario para su salud individual, el estado mental o la vida social. Aunque la ciencia médica ha reconocido que en algunos casos hay un origen biológico, la coincidencia científica mundial concuerda que su origen es psicológico.

Las adicciones son como la  gripe:  entra solo en un cuerpo con las defensas bajas…

Ahí va el cuentito:

Había una vez, una historia de amor y sexo.

A poco de conocerse, decidieron vivir juntos. La química entre ellos era tremenda.  Y, así como  la falta de sexo termina con las parejas más arraigadas, el entendimiento físico perfecto entre ellos, los mantuvo juntos más allá de lo saludable. Hacían agua por todos lados. Pero el imán tapaba toda la basura.

Profundamente enamorado, él se mostró de la forma que quería ser. No fue auténtico. Pero esta reflexión no está dicha con desmedro.  Todos tenemos derecho a mejorar lo que no nos gusta de nosotros. Eso es evolución.

La cuestión es que, aprovechando haberla conocido, decidió empezar de cero. Y mostró, no lo que era, sino lo que quería ser.

Ella cayó en la trampa. Y soltó las riendas de su corazón. Subyugada por su hombría, ella hizo algo inusual:  confió.

Pero el tiempo pasó.

Uncontrolled consumption of alcohol

Si bien conocía su adicción al cigarrillo, ella no tenía idea de los dos paquetes diarios… Lo supo tarde. La irritabilidad inexpugnable que le ocasionaba semejante fumata, lo convertía en un ser intolerante y de mal genio.

Pero la química seguía. A las diez de la noche, todo lo malo se olvidaba.

Poco a poco, ella comenzó a observar que, en las salidas con amigos, los sábados por la noche, él se pasaba del límite con el malbec.

Luego, hubo malbec a diario.

Hasta que la matemática se puso en contra: clavaba una botella de tinto por noche.

Cada amanecer era una nueva esperanza para ella.

Él ninguneaba la situación.

Y empezó la época de las grandes soledades. Para ambos.

Ella era incapaz de amar a quien no admiraba. El hombre que conoció, ya no existía.

El siguió amándola, en silencio. Siempre.

Después de tres años y medio, me la volví a encontrar.  Casi no la reconozco. Cambiada, muy cambiada. Abandonada en su persona. Ya no están juntos.

A él no lo había visto más. Lo encontré hace poco en el Registro, a las diez de la mañana de un martes. Estaba entrando cuando lo ví.  Se acercó a saludarme (siempre fue muy correcto), y su aliento al bar de la esquina, me voló el flequillo.

Él sigue negando que tiene problemas… Aún hoy.

Pobre del que no descubre que debe ser ayudado. Estas adicciones son una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que no acepta alguna parte, (o ninguna), de su personalidad, su vida, o su entorno, y resuelve, como un mecanismo de supervivencia,  navegar  en una búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas.

El fumador social que disfruta del tabaco de su esporádico cigarrillo, cuando sale con amigos, solo se sumerge a las pasiones de lo placentero. Como comer un chocolate.

Aquel que se fuma dos atados diarios, tiene un problema. Dos, en realidad:  el motivo que lo lleva a evadirse, y la dependencia.

Aquel que degusta una copa de buen vino a la hora de cenar, obtiene el placer de una recompensa a un día de trabajo, responsabilidad y obligaciones cumplidas.

Aquel que vació una botella, se le lengua la traba, y habla boludeces, tiene un problema. Dos, en realidad.

Si busca ayuda, es mi héroe.

Si sigue ninguneando, es un pobre tipo.

 

 

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