Hablemos de vicios y adicciones. Part III : La Porno

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Definamos:

“El término pornografía o porno (en su forma abreviada) hace referencia a todo aquel material que representa actos sexuales o actos eróticos con el fin de provocar la excitación sexual del receptor.”

Reflexionemos:

No estamos descubriendo América, al hablar de pornografía. Desde el Paleolítico, que las tribus adoraban al Tótem que no es otra cosa que un enorme … pene.  Elegí bien? Es una palabra fina.

El Kama Sutra es del 400 a.c.

El concepto de pornografía que se tiene hasta nuestros días se define en la Era Victoriana del siglo XIX.

Mirá Victoria…!

Pero no fue hasta  la invención de la World Wide Web en 1991, que la pornografía se subió a  Internet al público general, lo que condujo a una explosión de la porno en línea.

Y ahí quería llegar.

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Ahí va el cuentito:

Había una vez una cena de amigos. En Allen. Éramos tres parejas. Terminamos de cenar y los dueños de casa nos invitaron a trasladarnos hasta el living, para ver una película.

Yo fui la única de las tres amigas que, ignorando lo que venía, puse cara de traste, porque me parecía aburridísimo malograr un sábado de amigos de esa forma.  Ellas, en cambio, estaban entusiastas.

La única parte que sí me gustó fue la rápida oferta y distribución de alcohol que se armó enseguida. A lo que accedí gustosa.  Todavía no entendía.

Arrancó la película y por fin descubrí que había poca trama.

Nada tengo de mojigata. Pero la verdad es que no le vi el sentido.  Hasta el día siguiente, cuando Adriana vino a verme, preocupada por mi malestar de la noche anterior.

-“No me ofendo ni me espanto”- le aclaré

-“Es que cuando hablamos de pornos, no son precisamente con mis amigos con quien quiero verlas.  “- agregué.

Y allí llegó la confesión. Estaba harta.

Los cincuenta del marido le había pegado fuerte. Adicto absoluto a las pornos, la martirizaba con repetir lo que veía.  Lo había enviciado de tal forma que ya no había entendimiento entre ellos.

La menopausia nos vuelve sensibles, romanticonas.  Queremos lento. Con ternura. Asumimos la edad. Disfrutamos del atardecer.

El viejazo a ustedes los proyecta a una “zona de pruebas”.  Toman pastillas y buscan el tesoro de la juventud.

A nosotras nos gusta mirarlos a la cara. Embelesadas mientras nos dicen cosas lindas.

Ustedes prefieren otras cosas.

Adriana abrió su bolso, sacó la notebook y me mostró.

Pude contar más de treinta mails, en un solo día, de Esteban , todos con adjuntos pornos,  enviados  desde su oficina.  Mientras exportaba manzanas de su chacra, se miraba una porno?

Una con dos. Dos con uno. Una con una.  Botas de cuero negras y cinturones. Látigos.

Hasta una porno terapéutica por noche está bien.  Mejora a cualquier marido.  Es como el Alka Seltzer: estimula y sienta bien. Pero.

Treinta?  De veras, treinta?

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