Hablemos del cuco de hoy. Part I

Definamos :

El estrés (del latín stringere ‘apretar´ a través de su derivado en inglés stress ‘fatiga de material’) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.  (Wiki)

Reflexionemos:

Primero, un poquito de historia…

En 1950, Hans Selye publicó la que sería su investigación más famosa: Estrés. Un estudio sobre la ansiedad. El término estrés proviene de la física y hace referencia a la presión que ejerce un cuerpo sobre otro (la fatiga de materiales), siendo aquel que más presión recibe el que puede destrozarse- y fue adoptado por la psicología. Los estudios de Selye con posterioridad llevaron a plantear que el estrés es la respuesta inespecífica a cualquier demanda a la que sea sometido, es decir que el estrés puede presentarse cuando se da un beso apasionado.

Aunque casi siempre,  la palabra estrés suele poseer una connotación negativa (lo opuesto quizás sería el nirvana budista o el principio de nirvana de S.Freud) la ciencia distingue dos tipos de estrés:

  • Eustrés o estrés positivo: es un proceso natural y habitual de adaptación, que consiste en una activación durante un período corto de tiempo con el objetivo de resolver una situación concreta que requiere más esfuerzo.
  • Distrés o estrés negativo: es aquel que en  el ser humano supera el potencial de homeostasis  (o equilibrio del organismo) causándole fatiga, mayores niveles de ansiedad, de irritabilidad y de ira. El estrés mantenido puede provocar la aparición de consecuencias físicas, debidas al aumento del gasto de energía, una mayor rapidez de actuación, menor descanso del necesario y el consiguiente agotamiento de las fuerzas.

En tiempos del 2009, mi vida era un caos. Tenía todo lo que dice el manual: fatiga, ansiedad, (unos cuantos kilos demás), irritabilidad, ira, insomnio… un completo agotamiento de las fuerzas. Alguien desconocido habitaba mi cuerpo.

Ahí va el cuentito

Había una vez, una desconocida: yo.  La “siemprecontentaviviana”, estaba ausente.

Mi cuerpo estaba habitado por una loca frenética, que trabajaba mil horas por día. No paraba de producir.  Permanente practicante del sedentarismo, cumplía con obsesiva perfección, todos los roles: laburante, madre, hija, esposa y rara vez, amiga. Lamentablemente, en ese orden.  (Nótese la ausencia de mí para mí. Yo no existía. Nunca un tiempito para mí.)

Pero la vida te pasa la factura. Sumida en la más delirante de las histerias, tuve que apretar el botón de stop.

Aunque a los tiros, aún estaba casada.

El escapismo ha sido un patrón a repetición, en mi vida. Jamás asociado a la cobardía. Es más bien, una necesidad de estar sola, para poner los patitos en fila.  Mis huidas son siempre la previa a grandes decisiones.

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Esa mañana partí. Con una amiga. En mi auto. Manejé mil quinientos kilómetros parando solo para llenar el tanque y llegamos. Estábamos en lo que alguna vez fuera el casco de una estancia, en la región central del país, donde uno se recupera del estrés.

Bello lugar. Doloroso pero bello. (Es cinco-estrellas )

Luego de hacer el checking, me fueron sustraídos el celular y la notebook… Creí que el mundo se detenía…

Y me dieron una carpetita con todas las actividades que haría durante mi estadía.  A mi amiga le dieron otra, con muy diferente contenido.  A pesar de que compartíamos la habitación, casi no nos veíamos durante el día.

Nuestra primera noche  descubrí horrorizada que no había televisor en la habitación.

A leer… hasta quedarme dormida.

Así supe que mis días empezaban a las ocho a.m., en el Comedor, para desayunar.

Esa primera mañana llegamos puntuales, y descubrimos con sorpresa que teníamos asignada una mesita para dos, con un cartelito con nuestros nombres de pila : Patricia y Viviana.

Vimos venir a un mozo sonriente con dos bandejas de desayuno: uno pantagruélico y el otro era: té con dos tostadas de pan de salvado. Ése era el mío…

Seis horas de deportes por día, eran mi rutina. Caminatas hasta el arroyo, cuesta abajo. Luego había que subir…  Siempre guiados por personal trainers especializados, que nos mantenían motivados. Antes de partir, me habían dado una cantimplora “con hierbas de las sierras”, para mitigar la sed.  Eran eficaces… perdía la sed y algo más… Cada media hora, la top “Vivianaquenuncasesientaenlosinodorosajenos”, corría atrás de los matorrales para hacer un incontenible pis.

No solo yo corría. Los demás también tenían cantimploras.  Con el tiempo nos pusimos cancheros. Pero los primeros días, no importaba qué yuyito. Pude ver los culitos de mis compañeros.

Recién caigo en la cuenta que los de atrás deben haber visto el mío…

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Patricia no venía conmigo. Ella tenía otra rutina. Mucho menos agresiva.

Llegaba al mediodía y nos re-encontrábamos en nuestra mesita. Bandeja llena de exquisiteces para Patricia.  Verduras cocidas para mí.

Me dieron dos horas diarias de libre albedrío. Obviamente, cual iguana, yo me asoleaba en la espectacular piscina.

Recuerdo lo preocupada que estaba el primer día, con respecto a qué hacer después de la cena.  Sin compu? Sin televisor? Sin bar? Sin alcohol? !!

Todas las noches había un pequeño show en vivo, simple, corto y sencillito. Comenzaba a las diez de la noche.

Patricia era de las primeras en llegar.

Yo nunca pude.  Me dormía con el último bocado. A la camita…

De a poco me fui encontrando.

Y después de un par de semanas, la magia sobrevino.

Regresé flaca, bronceada, calmada y feliz. Muy feliz.

Otra vez yo.

Video interesante sobre el estrés

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