Hablemos del Edipo: El Malentendido

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Definamos:

“En términos generales, Freud define el complejo de Edipo como el deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre del mismo sexo (parricidio).” (Wikipedia)

Edipo es en realidad una obra teatral retorcida, escrita por Sófocles,  donde solo se habla de pestes, venganzas, incesto y suicidios.

Estos dos últimos, sucesos que inspiraron a Freud para explicar vaya uno a saber qué.

Espantoso. Ahí va la traducción de mi propia autoría.  Es el amor sano, tierno, genuino e infinito, de los padres con las hijas, y de las madres con sus hijos.  

La vida me sonrió. Disfruté de la relación del mejor padre del mundo; lo escuché; aprendí; crecí con sus consejos; ya no lo tengo; jamás lo olvido.

Y fui madre de tres varones. Por eso digo “la vida me sonrió”. Edipo a pleno.  Espantoso querer relacionarme con los dichos freudianos.  Cuando hablo de Edipo,  hago referencia al más puro e inocente entendimiento entre padres y hijas y madres e hijos.  

Reflexionemos:

También es cierto que, estas interpretaciones son del área de la Filosofía y la Ciencia Médica. Y que, como casi todas las  Ciencias no exactas, no tienen un valor absoluto.

Por lo que debemos admitir, que muchas veces lo arriba expuesto, no se cumple.  La Sociedad viene de ser machista. Todavía encontramos familias en donde los padres favorecen a sus hijos varones, porque “total, las chicas tienen marido…”

happy father and his little daughter playing at home

Ahí va el cuentito:

Había una vez, una secretaria a quien yo adoraba. Era eficiente, leal, honesta, trabajadora, inteligente… Lo tenía todo.  Yo. Yo lo tenía todo. María L lloró tantas veces en mi hombro…

Su padre estaba lejísimo del Edipo al que me referí.

María era la mayor de tres hermanos:

En el medio nació un varón.

La más pequeña, fue otra niña.

El varoncito terminó el secundario, y el papá pagó viaje a Bs As , departamento y demás yerbas, para que pudiera estudiar.

La más chica terminó estudiando “loquesea” en Neuquén, y María L , a ponerle el hombro a la empresa familiar.

Bien parejito…

El tiempo pasó; el varoncito creció; y volvió; no con un título sino con una esposa. Y unas demandas que ni te cuento.

El papá de María L, a estas alturas, estaba más para jubilarse que para otra cosa.

Para cuando regresó el principito, ya no había más empresa. Convocatoria de Acreedores primero, y luego el desenlace fatal: La Señora Quiebra. Hubo que empezar de nuevo.

María L había conseguido trabajo. Conmigo.

Pero el principito tenía una boca que alimentar…

Así que, conversación viene conversación va, me vinieron a ver padre e hijo, para comenzar una sociedad, de capital y trabajo:  Don Padre ponía el capital (que convenientemente había conservado camuflado) y Don Hijo, el trabajo.

Y yo pregunté: -”Pero María L, a vos qué te toca?”-

Por suerte mi secretaria se enamoró, se casó y se fue. Y me dejó. La lloro todavía. Impecable ella.

La madre de María L, no tuvo papel en esta obra. No quiso participar…

Hace unos meses, Don Padre me pidió una reunión. Me extrañó verlo llegar solo. -”No quiero ser más el socio de esta empresa.  Ocupate de la documentación.  Mi hijo no me cuenta en qué anda, y yo  siento que soy un estorbo.”-  Don Hijo lo corrió a un costado y se quedó con todo.

Miré para arriba y supe. La vida da tantas vueltas…

VJ

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