La casa de la laguna

Pareja de noche

Fotografía de stocksnap

Capítulo Diez:  Tribulaciones

El amor que sentía por Olivia era tan genuinamente grande que tuvo que pensar cómo hacer para contarle. De otra forma, la perdería.  Ella ya lo había pasado muy mal con los seres humanos. Todo ese año enamorándola, convenciéndola que podía confiar en él, porque era diferente, se habría perdido, a menos que lograra hablar.

Quería despertar a su lado el resto de su vida.

No quería perderla.  No podía empañar la felicidad lograda.

Lo intentaría. Tenía que hacerlo!

Aprovechó el clima templado de esa noche apacible, y la llevó hasta la orilla de la laguna, donde tantas veces, habían hecho el amor, bajo las estrellas.

Le tomó ambas manos, no para acariciarla, sino para darse valor.

Ella entendió.  Y mirándolo con ternura, dijo:

-“¿Preferís que te pregunte?”- e hizo una pausa.

-“¿O preferís que escuche?”-

Charlie, indeciso, empezó a balbucear alguna que otra palabra.  Con cada nueva pausa, ella lo abrazaba, animándolo a continuar.

Fue tan difícil contar que, emprendido en un nuevo caprichito de niño rico, había querido aprender a pilotear un avión.  Una vez más, sus padres habían cedido a sus deseos. Un año más tarde, y, habiendo conseguido la habilitación reglamentaria, le habían regalado un Cezna bimotor con la  última tecnología.

En el vuelo inaugural, iban los cuatro: sus padres y su hermana tan querida.

Pero su inexperiencia no pudo evitar el accidente fatal.  Charlie y Teresa se salvaron porque iban adelante. Sus padres, en cambio, murieron en el acto.

Teresa no volvió a caminar.  Internada en Buenos Aires, visitaba a su hermana cada vez que podía. Se quedaba una o dos semanas con ella.

Vivía desde entonces, en el lugar más lejano que pudo encontrar, antes de que se terminara el planeta.

La culpa lo atormentaba noche tras noche.

Y allí estaban Olivia y Charlie, tomados de la mano. Dos seres atormentados, a quienes el universo había juntado para confortarse y sobrevivir.

Lo que contestó ella, hizo que Charlie la besara apasionadamente.

-“Traeremos a Teresa a vivir con nosotros”- dijo Olivia.

-“Eso, sí: mis padres no están invitados a la boda”.-

 

FIN

 

 

 

 

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