Nahuel

Paisaje nevado 2

Capítulo Uno: El atraco

Había una vez, una historia.

Todo comenzó en 1890, cuando Catalina viajaba acompañada de su inseparable Adelaida. Los cuatro briosos caballos llevaban a las dos pasajeras hacia el oeste, guiados por dos cocheros expertos. El camino polvoriento era sinuoso, acorde al bellísimo paisaje. El Valle era extenso, rodeado de altas montañas, con sus picos cubiertos de nieve, y sus laderas,  de frondosos bosques de pinos. Por un momento el camino se acercó a la orilla del lago, que, majestuoso, apenas movía sus aguas congeladas.  El frío era intenso.

Fue ahí.

Los cuatreros salieron de la nada, armados. Diestros en lo suyo, alcanzaron la diligencia con facilidad, matando a los dos cocheros. Los caballos, desbocados por los estruendos de los rifles y con sus riendas sin comando, corrieron alocadamente. Las mujeres, mientras tanto, presas del pánico, sin poder aferrarse, golpeaban de un lado a otro, su elegancia.

Hasta que el carruaje paró. Y sobrevino lo peor. Al verla, los maleantes cambiaron de idea: no solamente robarían el distinguido y valioso equipaje. La increíble belleza de Catalina, los inspiró para algo más.

La interferencia histérica de Adelaida, no duró. Un coletazo en la nuca y un tiro en su espalda, la dejaron tendida sin vida, sobre el suelo nevado.

Con sus apenas veinte años, por primera vez, descubrió su inexorable soledad y un profundo e inevitable desamparo.

Rasgándole la ropa con violencia, la arrastraron unos cincuenta metros fuera del camino. Ataron sus brazos abiertos. Ataron sus piernas abiertas. Su cuerpo desnudo yacía inmóvil , sobre la nieve.

Tres de los maleantes volvieron al carruaje, a esperar su turno.

El cuarto quedó con Catalina.

Pero detrás de un arbusto, muy cerca de ella, algo se movió.

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