Nahuel

Cerco de troncos

Capítulo Once: La partida

Nahuel se negó a darle el caballo que pidió. No quería ayudarla a partir. Tendría que hacerlo de a pie.

Aristocráticamente orgullosa, no quiso dar el brazo a torcer. Catalina se despidió de todos y con tan solo un bolso mediano, partió de a pie rumbo a Garden City.

Caminó sin mirar atrás. Traspasó el cerco de troncos que limitaba las tierras de Nahuel. A medida que se alejaba, los demonios del miedo se iban apoderando de su cuerpo haciéndola templar. Hasta que llegó al cruce. El tránsito de caballos y carruajes indicaban la ruta al poblado. ¿Qué estaba haciendo? ¿Adónde iría? ¿Con quién? ¿Para qué?

Descubrió que estaba absolutamente sola en el mundo, acercándose a la gente que le había hecho daño y alejándose de los que la habían salvado. Absorta en estos pensamientos no pudo darse cuenta que estaba parada, inmóvil, en el medio del camino. Reaccionó al escuchar los cascos de los caballos del grupo de jinetes que se le venían encima. Eran solo viajeros, que la esquivaron siguiendo su rumbo. Pero ella asoció sus malignos recuerdos. Y empezó a gritar, con todas las fuerzas de su garganta, sin poder moverse: -“Nahuel”!-

Resignado y herido ante la decisión tomada, la había seguido, sin embargo, a una distancia prudente, protegiéndola. Cuando escuchó los gritos desgarradores de Catalina, pronunciando su nombre, una y otra vez, simplemente aporreó su caballo hasta llegar a ella.  Bajó del caballo de un salto y la abrazó con fuerza, diciéndole lo único que calmaba siempre a Catalina: -“Aquí estoy, aquí estoy”-.

Había logrado tranquilizarla, fuera del camino. Todavía la abrazaba. Sosteniéndole dulcemente la cabeza, la forzó a mirarlo y cerca, muy cerca, volvió a preguntarle:

-“¿Seguís tu camino o volvés conmigo?”-

Catalina supo que ese minuto definiría el resto de su vida. Lo miró con un odio profundo, sabiendo que Nahuel se aprovechaba de su debilidad para obligarla a hacer algo que ella no quería. Luego de crecer en París, ¿Viviría en un tepee, precariamente? Sería capaz de abandonar sus costumbres, sus raíces, la abundancia de educación con la que había sido criada?

Mientras Nahuel la subía a su caballo, llevándola de regreso, lo odió profundamente…

Anuncios

2 respuesta a “Nahuel”

Deja un comentario