Nahuel

Altar

Capítulo Doce: La Boda

El fraile Tomás se había quedado tan sorprendido,  ante el pedido de Nahuel!  A cuál de todas las tribus pertenecería la elegida! Sabía que los caciques lo presionaban, ofreciéndole sus hijas. Nahuel era cacique de caciques. Todos querían pertenecer… El fraile,  sobre todo, fue sorprendido por la inminencia  de la ceremonia. ¿En tres días?

Mientras tanto, en la aldea, los preparativos tenían ocupados a todos.

Las siete tribus apaches habían sido invitadas:

Los Chiricahuas centrales y del oeste;  los Lipan; los Navajo;  los Cibekuje; los White Mountain; los Jicarilla y los familiares de Nahuel: los mescaleros.

El evento era importante.

Se veían llegar desde lejos.

Esa mañana comenzaron los fuegos donde asarían los venados para la boda.

Tanta alegría en los rostros apaches! Tanta algarabía, que no se escuchaba el llanto de Catalina, quien, sin salir de su tentee, no encontraba consuelo en las palabras cariñosas que infructuosamente le prodigaba Sharanda. Ella, junto a dos mujeres jóvenes, la bañaron con delicadeza y la vistieron con ropas de novia apache. El cabello rubio de Catalina caía libre hasta la cintura. Los adornos  en su frente no hacían más que realzar su increíble belleza.

Caído el crepúsculo, comenzó la ceremonia. En el improvisado altar, esperaban impacientes, el fraile Tomás, Nahuel y la Nación Apache entera.

Un murmullo de admiración pudo escucharse cuando apareció Catalina, quien caminando lento en dirección a Nahuel, conservaba la mirada baja. Sus ojos color cielo estaban enrojecidos, de tanto llanto.

Nahuel la miraba fijamente.

-“Los declaro marido y mujer”-, dijo finalmente el fraile Tomás.

Y la fiesta empezó.

Entrada la noche, solo quedaban en pie, los hombres, quienes entonados por la bebida de alcohol y miel, todavía contaban historias inciertas.

Nahuel regresó finalmente a la tentee. Pero Catalina no estaba dispuesta.

-“No me toques”-, le gritó.

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