Nahuel

Bear Lake1

Capítulo Dos: Nahuel, entre dos mundos.

Era el único nieto de Gerónimo (Gokhlayeh), y bisnieto de Cochise. Sus jóvenes treinta años, resplandecían en ese cuerpo musculoso, bien formado, de un metro noventa de estatura. Su cabello negro, impecable y ordenado, caía atado hasta la espalda.

Su infancia no había sido fácil. Su adolescencia, peor. Y sus años en la universidad, un verdadero infierno.

Su madre, la Princesa Mailén, era la única hija de Gerónimo.

Su padre, el Coronel Jefferson, casado y con un hijo pequeño, John, quedó preso de su belleza, y la convirtió en su gran amor.

De ese gran amor, nació Nahuel. Aunque nunca fue reconocido legalmente, fue amado por su padre y definitivamente, fue el favorito de sus dos hijos.

El sentimiento era mutuo: Nahuel esperaba con ansias, las visitas de su padre, que se repetían todas las semanas. A pesar de que sangre Apache corría por sus venas, el muchacho creció bajo la estricta educación de su padre, quien personalmente la fiscalizaba. A corta edad, lo envío a la escuela rural, en medio de la llanura, dirigida por un fraile, perteneciente a la Orden de  fray Francisco de Zamora.

La esposa del coronel Jefferson, consciente de la existencia de Mailén y Nahuel, no escatimó odio hacia ellos.  Su hijo, John, creció conociendo el favoritismo de su padre, por su medio hermano.

Aunque el coronel nunca llevó a Mailén a Garden City, el poblado más cercano, todo el mundo conocía su existencia. Sobre todo, porque regularmente,  llevaba a Nahuel, presentándolo a sus subalternos, como su hijo.

El gobierno de México trató de aniquilar a Gerónimo, pactó con él y después lo traicionó matando a casi toda su familia. Gerónimo atacó y quemó los fuertes fronterizos mexicanos. El gobierno de los Estados Unidos también lo persiguió y trató de someterlo. Finalmente fue confinado a las reservas indias de Florida y murió en Oklahoma en 1909.

Pero su hija Mailén, su nieto Nahuel, su primera esposa (abuela de Nahuel) y unas cincuenta familias apaches, fueron protegidas por el coronel Jefferson. La pequeña comunidad, quedó asentada a orillas del Bear Lake,  un lago de agua dulce natural en la frontera entre Utah y Idaho en los Estados Unidos occidentales. Es el segundo lago más grande de agua dulce natural en Utah y ha sido llamado el “Caribe de las Rocosas” por su singular color azul turquesa, el resultado de depósitos de piedra caliza en suspensión en el agua.

Las tierras donde se produjo el asentamiento, pertenecían al coronel, quien no solo era la máxima autoridad de la vasta región, sino que además, era inmensamente rico.

El amor entre Mailén y el coronel, persistió. Pero el segundo hijo de ambos, no pudo nacer. Y se llevó a su madre con él. Nahuel tenía quince años. Su padre lo dejó al cuidado de su abuela, quien lo amó incondicionalmente, toda su vida. A partir de allí, el coronel tomó un protagonismo absoluto en la vida de Nahuel. Sobre todo cuando, al cumplir sus diez y ocho, lo envió solo,  muy lejos, para convertirse en abogado, lo cual sucedió cuatro años después. Ese tiempo fue para Nahuel, una verdadera pesadilla.  Volvió a los brazos de su abuela, apenas pudo, convirtiéndose en el hombre respetado y obedecido, no solo por la aldea de su gente, si no por toda la Nación Apache.

Cabalgando en ese soleado día invernal, escuchó los tiros y adivinó un ataque a la diligencia.  Pudo ver toda la escena, agazapado tras los arbustos, sin poder intervenir: lo superaban en número, y él solo llevaba un puñal.

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