Sobreviviendo

Beso apasionado

Foto de uvnimg.com

Capítulo Tres

Es tan corto el amor y es tan largo el olvido… —(Pablo Neruda).

 

No nos parecemos en nada.
Cuando te llamé al día siguiente para invitarte a salir, me encendió la dulzura de tu voz.  Me hiciste sufrir!  Tardaste como diez minutos, teniéndome a las vueltas, hasta decirme que sí.  Los diez minutos más largos de mi vida.
Quería impresionarte. Te llevé al mejor restaurante, aunque después quedara a pan y cebolla el resto del mes. Te apareciste con esa solera roja, que me vuelve loco, aún hoy.
Yo me había puesto mis mejores pilchas (o las únicas?).  Y las velas, la noche, el malbec y la rosa que le compré a la florista que visitaba cada mesa, hicieron la magia.
Te acordás ?  Hablamos tanto.  Me enamoraba minuto a minuto.  Sos la hija obediente, que sigue las reglas impuestas, la que se recibió de licenciada en tiempo récord, contratada enseguida por una gran Compañía, y que progresa día a día.
De librito!
Yo, en cambio, desaprovecho mi inteligencia, por salirme de las normas. Siempre haciendo solo lo que he querido. Siempre fui feliz, de ese modo. Aunque el camino de la evolución es lento.  Remar contra la corriente lo dificulta todo.
Esa noche, en el portal de tu casa, solo te besé la mejilla, y prometí llamarte al día siguiente.
Y al siguiente, y al siguiente y al siguiente.
Ese sábado, te llevé a mi casa. Mi cuerpo reclamaba el tuyo desesperadamente.
Imposible olvidarme los besos que nos dimos. La suavidad de tu piel, de ese cuerpo perfecto. Tu olor.
Como hombre de mundo, sé muy bien que la primera noche no es fácil. Conocer lo íntimo del otro, lleva su tiempo.  Para nosotros, es difícil porque hay que ponerlo todo.  La hembra del pavo real solo se deja aparear por aquel macho que tiene las plumas más coloridas.
Para ustedes tampoco es fácil. Están cohibidas, pudorosas y fatalmente expectantes, de que nosotros hagamos todo.
Aquella primera noche, fue para no olvidar.  Yo no quería mostrarme inexperto, pero tampoco incomodarte. Te veías tan frágil, que contuve mis pasiones, controlándolas como pude.
Así que decidí ser yo mismo y actuar como lo hago en todo lo demás:  me tomé mi tiempo.
Te besé apasionadamente , apenas entramos a mi depto y te llevé a la cama, sin desvestirnos, con dos copas de vino.
Nos contamos de todo. De tanto en tanto, te interrumpía con mis besos.  Me acercaba más, cada vez. Hasta que pude respirar tu aliento. Y enloquecí.
Me tomó toda la noche llegar a donde quería llegar.
Pero no tuvo nada de “la primera noche”. 
A la mañana siguiente, yo ya sabía de vos, todo lo que había que saber.
Y me enamoré.
Por eso, ahora no entiendo, cuando de tanto en tanto, escucho tu voz muy lejana, diciendo:
-“Volvé, mi amor, volvé. No me dejes”-

13 opiniones en “Sobreviviendo”

Deja un comentario